Uno de los principales problemas para la productividad en España es el altísimo nivel de absentismo que viene apreciándose en los últimos tiempos. Las empresas lo denuncian sin cesar, las consultoras venden planes para desincentivarlo y las medidas de control adoptadas por los gobernantes no terminan de ser efectivas.

Pero llegó la crisis… y se está quedando.

Allí donde no han tenido éxito las estrategias empresariales ni las campañas gubernamentales, es la tasa de paro lo que está empezando a convencer a los trabajadores. Ver en peligro el propio puesto de trabajo hace que lo valoremos especialmente, cargando de seriedad la decisión de pedir o no una baja por motivos de salud cuando no está claro que sea necesaria. ¿De verdad este fuerte resfriado me impide ir a trabajar? ¿De verdad necesito prolongar la baja mientras me hacen pruebas médicas? ¿De verdad?

Y no vale descargar responsabilidades en unos servicios médicos demasiado “flexibles”. La tienen, sin duda, pero no son ellos quienes piden las bajas ni quienes las utilizan.

El caso es que las estadísticas publicadas por el Instituto Nacional de la Seguridad Social muestran, por primera vez en cinco años, un descenso en el número de procesos de incapacidad temporal de menos de un año, y su duración media también se ha reducido.

Si esta tendencia se consolida, será muy positiva para la productividad de nuestro tejido empresarial, y nos ayudará a salir de la crisis. Pero eso sí, esperemos aprender la lección y utilizar las bajas médicas para lo que realmente están pensadas.

Un gran catedrático de Derecho del Trabajo, el prof. Alonso Olea, dijo hace años que el trabajo es un «bien escaso”. Cuidémoslo, entre todos y cada uno el suyo.

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