La doble escala salarial consiste en que, por acuerdo colectivo, se decide establecer conceptos salariales diferenciados entre grupos de trabajadores, tomando como referencia, por ejemplo, la “fecha de ingreso” en la empresa. ¿Es esto posible? ¿Podrían las empresas utilizar este mecanismo para pagar menos a quienes se contraten en este tiempo de vacas flacas?
Las dudas surgen porque la Constitución y las leyes laborales consagran el principio de igualdad y no discriminación, así como que a trabajo de igual valor corresponde la misma retribución.
Quede claro que la empresa puede pagar distinto a sus trabajadores aunque realicen el mismo trabajo, siempre que respete los salarios de convenio. Es decir, por encima de convenio, la empresa decide cuánto paga a cada empleado, con el único límite de no discriminarlos (es decir, tratarlos diferente por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión).
Pero la cuestión es si podría establecerse un salario de convenio distinto, inferior, para quienes sean contratados a patir de ahora.
Los Tribunales admiten las dobles escalas siempre que exista una justificación objetiva y razonable para ello; otra cosa es que se pongan de acuerdo en qué situaciones lo son. Así, por ejemplo, en ocasiones se ha considerado justificada una doble escala si ello permitía a la empresa crear más empleo, o realizar inversiones que garantizaran su subsistencia, o mejorar la calidad del empleo transformando a temporales en fijos. Otra justificación, muy lógica, es que los trabajadores que ya están en la empresa poseen una experiencia que los recién llegados, evidentemente, todavía no tienen, de modo que quedaría motivada su menor remuneración (aunque se trata de una situación transitoria, ya que en un plazo más o menos breve de tiempo habrían obtenido por fin la experiencia necesaria como para cobrar lo mismo que los más antiguos).
Pero, ¿la situación económica negativa por la que atraviesa la empresa puede justificar la doble escala salarial?
Lo cierto es que el argumento de la crisis ha permitido pagar menos a los nuevos contratados, pero los motivos son los contrarios a lo que ahora se pretende: cuando la empresa ha pasado por situaciones de dificultades económicas luego superadas, se entiende lógico que los trabajadores que, en su momento, tuvieron que hacer sacrificios, mantengan una remuneración superior que los recién llegados, en época de bonanza. Evidentemente, se trata de una justificación que no veremos nuevamente hasta que demos por cerrada la actual crisis y las empresas vuelvan a remontar el ciclo.
La cuestión es si la crisis actual puede justificar que ahora se abra una doble escala. Se trata de una vía poco explorada:  encontramos un caso, en 2006, en que el Tribunal Supremo admitió esta posibilidad para una empresa que atravesaba una situación económica negativa, y, ya situados en la coyuntura presente, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña reconoció, en enero pasado, la licitud de la doble escala en otra empresa.
Todo augura que asistiremos a más casos de este tipo. Esperemos que los Tribunales sepan ver en las dobles escalas un resorte adecuado para superar los tiempos que corren.

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