Desde que empezó oficialmente la crisis en España, se vienen oyendo algunos discursos bastante simplistas. Los sindicatos y algunos políticos han repetido hasta la saciedad que la crisis no la causaron los trabajadores así que no la tienen que pagar ellos, y una parte de la patronal y de la oposición advierte que la reforma laboral es prioritaria para crear empleo. Las dos ideas son absurdas.
A ver: ¿desde cuándo los problemas se arreglan sólo por quienes los causan? Es verdad que los trabajadores no han generado la situación en la que nos encontramos, y que es necesario atajar los excesos de la especulación financiera si no queremos que el problema se repita en el futuro. Pero eso no quiere decir que hoy los inocentes no deban sufrir una parte de las consecuencias, siempre que ello ayude a superar la situación. Si no, miren lo que pasa con los pensionistas y los funcionarios, a quienes se pide un esfuerzo especial de colaboración.
Otra cosa es que el sacrificio que se exige a los inocentes sirva realmente para mejorar las cosas. Los actuales recortes sociales permiten reducir el déficit, pero sólo eso. ¿Y la reforma laboral que tanto se hace desear? Al dilatarse tanto en el tiempo su consecusión, se ha permitido que ciertos sectores la aprovechen para cifrar en ella la luz al final de tunel, el camino de salida de la crisis. “Es prioritaria”, dicen. Incluso se advierte que “no vale una reforma light”, tiene que ser una modificación radical del mercado de trabajo. Ya cuando empezó a hablarse de reforma tuve ocasión de mantener en esta página que no iba a ser la panacea ni mucho menos. Las actuales estructuras de nuestro mercado de trabajo son las mismas que colocaron a España a la cabeza de la UE en creación de empleo en años previos a la crisis. Lo que hay que hacer es aprovechar el momento para modernizarlas, precisarlas, mejorarlas, pero todo ello sin necesidad de pasar por una deslaboralización o un recorte sustancial de derechos. El ejemplo claro es la conveniencia de abrir el campo de actuación de las Empresas de Trabajo Temporal, agentes de colocación e intermediación que cumplen una función esencial en nuestro mercado laboral que no está cumpliendo nadie más. Pero de ahí a abaratar despidos, desregular el contrato de trabajo…. esa es otra historia: una historia bastante interesada, porque no hay ningún indicio de que ello vaya a crear empleo de un modo significativo. Nuestro país ha pasado por numerosas reformas laborales de distinto signo y ninguna ha conseguido neutralizar la incidencia de los acontecimientos económicos internacionales (o de la propia fluctuación nacional:  en abril el aumento del paro fue el menor de los últimos 9 meses, y en mayo bajó  en más de 76.000 personas ¡y sin reforma!). Desde que España forma parte de la Unión Europea, ha entrado y salido de las crisis económicas junto con sus compañeros de región; no ha habido reformas laborales que valieran para cambiar eso. La economía manda, y liberalizar más o menos un contrato de trabajo no es determinante, ni siquiera significativo.
Por supuesto, el discurso de la reforma como elemento esencial para la recuperación del empleo enlaza con su urgencia, lo que añade presión a un diálogo social totalmente estancado y a un gobierno titubeante que se verá a abocado a sacar una norma laboral poco meditada. Quizá ése sea uno de los objetivos secretamente perseguidos por quienes exigen premura sabiendo que no es necesaria: si la reforma sale adelante improvisadamente podrá decirse que es por dicha improvisación por lo que no crea empleo, que si se hubiera hecho bien habría funcionado. PUES NO.
Por cierto, es de público conocimiento que ayer mismo una de las dirigentes políticas que mantiene la urgencia de una reforma “no light”, reconoció, cuando creía que no estaba siendo escuchada, que su propia afirmación era una “barbaridad”. PUES ESO.
-caro-

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